Ocho habitaciones en una casona colonial del siglo XIX, en el corazón de Huamantla.
Sus muros centenarios, su mobiliario de época y sus detalles curados con esmero evocan el esplendor de una época pasada. Aquí, el lujo no se exhibe: se habita.
A los pies de La Malinche, en la ciudad que cada agosto alfombra de flores sus calles, una casona del siglo XIX abre sus puertas. Ocho habitaciones, una colección viva de antigüedades, y el silencio de quien sabe que los mejores lugares no se visitan: se recuerdan.
Cada habitación lleva el nombre de quien habitó estos muros o de quien marcó nuestra historia. Solo ocho — porque el lujo está en lo irrepetible.
Nuestro chef ejecutivo —del restaurante MEXKO, en la lista de los 250 Mejores Restaurantes de México— firma una cocina tlaxcalteca reinterpretada con sensibilidad. Desayuno gourmet entre muros centenarios, cenas privadas a la luz de las velas y catas de mezcal Santo Gusano guiadas por expertos.

Cada detalle, pensado para que el tiempo —por una vez— vaya más despacio.
Amenidades de miel de Tlaxcala
Jabón y crema con miel de los bosques de encino y pino de la región.
Infusión del huerto
Bienvenida de cítricos y herbolaria de nuestro propio jardín.
Desayuno gourmet incluido
Panadería de cada mañana y platos insignia del chef.
Algodón premium
Batas, zapatillas y toallas de algodón fino.
Smart TV giratoria + streaming
Catálogo amplio de cine, series y documentales.
WiFi de alta velocidad
Conexión estable en toda la casona.

“Nuestra colección no se observa tras vitrinas: se vive, se recorre, se respira.”
Antigüedades, mobiliario de época y objetos convertidos en testigos del tiempo. El corazón estético y emocional de la casa.

“Un fragmento de la casa, para llevar contigo.”
La tienda de Casa Huamantla reúne una selección curada de objetos mexicanos —velas de la Colección Privada, textiles, arte y piezas con historia—, escogidos uno a uno por su calidad y carácter.
La mañana
El primer café de especialidad en el salón principal, entre el aroma del pan recién horneado.
La tarde
Horas lentas en el patio de olivos, con un libro y la luz tibia que solo dan los muros centenarios.
La noche
La cena entre velas, cuando los muros parecen contar, en voz baja, todo lo que han visto.

Solo ocho habitaciones
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