

En Casa Huamantla, el Día de Muertos no se observa: se vive. La casona se transforma en un altar de luz y color —cempasúchil, papel picado, copal y velas— para recibir a quienes ya no están y celebrar, como solo México sabe, la vida y la memoria.
Una velada con cena de temporada del chef Iván del Razo, pan de muerto recién horneado y chocolate de la región, entre ofrendas montadas con esmero y el resplandor de cientos de veladoras. Una experiencia entrañable, sensorial y profundamente nuestra.
Porque recordar, aquí, es también un acto de belleza.